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“Lo importante es dar a conocer la música del Chocó y de todas las regiones, para que los colombianos aprendan a identificarlas, y para que cuando un colombiano se encuentre con otro en el exterior no se sienta extranjero”.
Cuando el maestro Neivo Moreno era aún niño y sentía el golpe del sueño luego de un día de juegos en las calles sin pavimento de Quibdó, lo hacía con los arrullos y cánticos que entonaba su abuela. A las ocho de la noche, ante la falta de luz, se reunía en familia, en un grupo cerrado y en silencio, para escuchar los cuentos que nutrían su infancia, y que tenía que repetir al día siguiente, cuando su abuela le tomaba la lección. Repetirlos y ponerles atención era la única manera de que las historias siguieran siendo contadas. Lo más mágico para él era que cada canción llevaba a un cuento, y cada cuento terminaba con una canción.
Y todo era música en su infancia, inclusive la muerte. En las novenas de difuntos asistía para oír los cuentos y repetir los versos que se convertían en alabaos y salves. Y fue cantando como tuvo acceso, a los 7 años, al coro del Padre Isaac Rodríguez, donde aprendió melodías en latín. Neivo cantó casi de inmediato el repertorio clásico y los cantos gregorianos con los mayores del coro, pero tuvo que aprender a pronunciar cada palabra perfectamente para salvarse de ser golpeado con rejo.
Pero lo que vibraba en su alma era la música popular. Y cuando se enamoró del clarinete y comenzó a interpretarlo, supo que tenía que irse por lo propio, con los fundamentos clásicos que ya poseía. Volvió poco a poco a las raíces de la chirimía cuando comenzó a llevarse los instrumentos a su casa y a hacer arreglos pequeños. De repente se halló a sí mismo viajando por todo el país para acompañar musicalmente a los grupos del Chocó. A Neivo lo elegían por su capacidad para escribir y traducir a un lenguaje musical todo lo que deseaban los grupos locales.
Poco después se convirtió en Maestro en el pueblo de San José del Palmar, donde enseñó en coros de iglesia e interpretó la guitarra y el piano. Animó fiestas, participó en bailes y luego se convirtió en el director de la Banda de San Francisco de Asís, que contó con 20 niños y 50 mayores en un momento dado, y ahora cuenta con más de 70 músicos con formación académica y musical. Pero Neivo también tenía una faceta como compositor que no había explorado, y que a partir de ese momento se potenció, así como su arraigo por los instrumentos populares que habían caído en desuso y que lo llevó a rescatar la marimba, la marímbula (un cajón con sonido de bajo), el carángano (un palo de guadua con cuerda, como una especie de bajo) y otros instrumentos que poco se interpretaban, para volverlos parte de su repertorio musical.
Para Neivo Moreno, a partir de ese momento la vida se concentró en enseñar. Miembro y director de diferentes grupos musicales del Chocó, creó las primeras Escuelas de Bandas Musicales del departamento, fue director de la Banda de San Francisco de Asís, director del grupo Golpe de Amporá, profesor del Colegio Carrasquilla, Mama U y Batuta, ganó el premio Petronio Álvarez y entre sus composiciones más conocidas está el ‘Pescador en seco’, ‘El birimbí’ y ‘Llegó la Navidad’.
Lo más importante para él, con este reconocimiento, es “dar a conocer la música del Chocó y de todas las regiones, para que los colombianos aprendan a identificarlas y para que cuando un colombiano se encuentre con otro en el exterior no se sientan extranjero”.
Es una de las cantantes más populares de la región chocoana, destacándose su trabajo al lado de La Contundencia.
Además, es una de las compositoras más prolíficas de la región. Sus temas han sido interpretados por Guayacán, Alfredo de la Fe, Los Nemus del Pacífico y Bahía, entre muchos otros.
En 2001 editó ‘cuentos cantados’, una colección de canciones arraigadas en la tradición oral de cuentos y leyendas recreadas a ritmo de bambazú, tamborito, abosao y danzón.
Músico saxofonista, director y creador de la escuela de música tradicional de Istmina, Chocó. Formador en música y danzas, músico reconocido y líder comunitario.