“Ser reconocido por mi departamento como Maestro de la música es el máximo trofeo que recibo y un gran regocijo para mi familia. Es un reconocimiento a mi trabajo pedagógico y a la trayectoria musical con la que he representado a mi región”.
Nació en San Calixto, Norte de Santander, el 16 de febrero de 1945. La piña teoramera, la arepa ocareña, el fríjol bayo y hasta la típica cajita de cartón que llevan bajo el brazo la mayoría de los ocareños a la hora de viajar, han sido fuente de inspiración para el maestro Flaminio Molina Vergel, quien a los 17 años se instaló en la ciudad de Ocaña, sin imaginarse que allí encontraría sus verdaderas vocaciones y talentos: la música y la docencia.
Al igual que un buen típico sancocho santandereano, sus canciones son el resultado de muchos ingredientes, pues este talentoso músico se gradúo como Maestro superior en la normal de Ocaña, Idiomas y filología en la Universidad Libre y, desde su empirismo, se formó como compositor e intérprete. “La música es un idioma y por eso mis estudios me sirven para ponerle la cadencia justa a mis versos y estrofas”, aclara Molina. El resultado: cientos de bambucos, pasillos, rumbas y hasta Himnos regionales y departamentales, que han marcado la historia de la música colombiana.
Al hablar de sus inicios como profesor en 1980, Molina relata: “yo era profesor de primaria y luego me contrataron para enseñarle a los niños y jóvenes el arte de la música. Los instruí en tiple, guitarra y canto y coordiné el coro y la banda marcial infantil. También formé una orquesta con los más pequeños. Este ha sido el trabajo más gratificante de mi vida y el que mayores reconocimientos me ha traído”.
Mientras sembraba sus semillas musicales con los estudiantes de la Normal y del Instituto de Bellas Artes, donde dictó clases de guitarra popular, este nortesantanderiano integró diferentes grupos como ‘Alma y Paisaje’, ‘Inspiración’ y ‘Colombia Vive’, con los que recorrió el país. “Con el primero que toqué fue con mi amigo Aníbal Álvarez, quien me enseñó a interpretar el tiple, y luego conformamos el dueto ‘Añoranza’ “, recuerda con nostalgia.
Con ese dueto y con el grupo ‘Guayamban’ ganó innumerables premios departamentales y nacionales, entre los que se destacan: Mejor tiplista, conseguido en el Encuentro de música andina colombiana ‘Cacique Marquetá’, celebrado en Mariquita (Tolima) en 1996; Ganador de la canción inédita, con el bambuco ‘Mi morenita’, en Tamalameque (Cesar) en 1994; fue primer y segundo lugar en el concurso ‘Los Felibres’, dedicado a la canción inédita andina colombiana, realizado en Ocaña (Norte de Santander), en el 2001 y 2005.
Cada una de las composiciones de Flaminio Molina rinde homenaje a los productos y costumbres de su región, por eso él, con su singular carisma y simpatía, hace parte de la historia del patrimonio folclórico popular del Norte de Santander.
Nacido en Pamplona, Norte de Santander. En 1996 obtuvo una beca de creación de Colcultura para la realización del proyecto de Negros y Blancos en Blancas y Negras. Fue merecedor del Primer premio en el VI Concurso Nacional de Composición Carlos Vieco Ortiz con la obra ‘Dos impresiones andinas para piano’.
Es el autor de la serie ‘Música Maestro’, publicada por Editorial Voluntad. Ha compuesto música incidental para el teatro y la danza, así como diversas piezas dentro de géneros populares y materiales para el trabajo pedagógico musical.
Docente y formador musical del departamento de Norte de Santander. Actualmente es el director de su Fundación “Orquesta Sinfónica Juvenil de San José de Cúcuta” con la que viene trabajando desde 1989.
Nació en Chitagá. Se ha desempeñado como intérprete y director de varias bandas musicales. En la actualidad se desempeña como director de la Banda de la Policía Metropolitana. Entre sus obras figuran: ‘José Manuel’, Sinfonía No 1, Sinfonía No 2, ‘Gratitud’ y ‘Zuleima’.